Durante la guerra civil española la transmisión de las ideas tanto del bando nacional como del republicano se llevó a cabo a través de diversos medios: prensa, radio, arte, cine, carteles, poesía, canciones, documentales... En cada una de las entradas de este blog analizaremos algunos de estos aspectos, y cómo fueron tratados por cada uno de los bandos para la difusión de sus ideas.

La cultura al servicio de la guerra.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Guerra Civil: La mujer en carteles.

La mujer en la guerra civil jugó un papel muy diferente en la España sublevada que en la republicana, y esto quedó marcado en los diferentes carteles propagandísticos, algunos de los cuales vamos a analizar a continuación.


En la guerra civil española, en el bando republicano fueron llamadas a combatir en el frente una serie de mujeres a las que se denominó “milicianas”. Esto se debió a la necesidad de combatientes que experimentó la República frente al alzamiento de los sublevados y inicialmente fue una especie de acción desesperada e improvisada para que los alzados no ganasen la guerra. El número de milicianas no fue muy alto, pero llegaron a convertirse en un mito bélico. Actuaron tanto en el frente como en la retaguardia, pero más en esta, llevando a cabo los trabajos que los hombres habían abandonado para combatir en el frente.

La figura de la miliciana pasó por dos etapas fundamentales. Primero la de mitificación, llevada a cabo principalmente por los dirigentes de la república y después la de desprestigio.
            à Mitificación: Las milicianas fueron un gran referente para las distintas organizaciones izquierdistas de toda Europa justo antes de la Segunda Guerra Mundial. En realidad las milicianas solo estuvieron unos pocos meses combatiendo en el frente pero aún así, son estudiadas con detenimiento como parte relativamente significativa de la Guerra Civil. Las milicias no tenían un orden concreto y jerárquico como el del ejército y no respondían a líderes. Por ello era más fácil la entrada de mujeres, que fueron reclutadas por distintas organizaciones de comunistas o anarquistas cuando aún eran jóvenes. Las milicianas estaban inspiradas por distintos motivos, ya fuese venganza por la muerte de algún familiar o por convicciones e ideales de lucha propios. En más de una ocasión luchaban en el frente junto con sus novios, sus maridos o incluso sus hijos. La España republicana utilizó a las milicianas inicialmente como un instrumento de propaganda calificándolas como “Heroínas de la patria” y representándolas en diversos carteles. El objetivo era convencer a los hombres para que combatieran imitando el patrón de sus compatriotas mujeres.



            àDesprestigio: En el momento en que se dejó de considerar a las milicianas como un arma necesaria empezaron a desmitificarlas y a dejarlas apartadas en la retaguardia, con frases como “Hombres al frente, mujeres a la retaguardia”. Inicialmente este traspaso del frente a la retaguardia mantuvo el concepto de Heroína, pero que ahora trabajaba en segundo plano, pero con el mismo fin. Más tarde este concepto de heroína desapareció y empezó la desmitificación. En las zonas sublevadas se conocía a las milicianas como todo lo contrario a la mujer ideal, que abandonaba a sus hijos para ir al frente, y aquellas que fueron capturadas fueron duramente reprimidas. Para poder argumentar que las milicianas se retiraran del frente se expusieron motivos como que estaban poco preparadas o que eran muy efectivas en la retaguardia, curando heridos, llevando comida, etc. Pero especialmente, el motivo que desprestigió a las milicianas fue su vinculación a la representación de la prostituta. Se promulgó el rumor de que transmitían enfermedades venéreas entre los combatientes del frente y en la España sublevada empezaron a unificar el concepto de miliciana con el de prostituta. Es cierto que algunas mujeres que combatían fueron anteriormente prostitutas pero la generalización fue excesiva ya que también hubo mujeres que fueron importantes combatientes y la desmitificación de las mismas fue demasiado repentina.



En la España sublevada las mujeres tenían la mitad de la importancia que en el republicano. Para la mujer franquista los dos valores principales fueron el hogar y la familia, y también ayudaron como asistentes curando heridos de vez en cuando. Los únicos que le dieron importancia relativa a la mujer fueron los falangistas que permitieron la creación de una sección femenina que contó con más de 2000 afiliadas. Esta sección se dedicó a organizar grupos de enfermeras y a encargarse de los huérfanos mientras los hombres combatían. Para ganar la guerra se unificaron las tareas femeninas y las afiliadas aumentaron hasta las 250.000, aunque eran llamadas únicamente para “tareas puramente femeninas” como resolver la situación angustiosa de huérfanos y familias rotas. También organizaban talleres y almacenes, como los lavaderos que había en el frente, o encargarse de los abastos de ropa para los combatientes. Las mujeres más veteranas de la sección llevaban a cabo distintos cursos de urgencia que instruían a las nuevas enfermeras por la gran demanda que la guerra provocaba. Por ello, se distribuyeron las funciones femeninas entre la ‘Sección femenina’ que eran quienes movilizaban y formaban a las nuevas mujeres, la ‘Delegación de Frentes y Hospitales’ que cubrían los auxilios médicos en el frente, y el ‘Auxilio social’ que era de carácter benéfico y albergaba a niños huérfanos o lisiados. Todas las mujeres de la España sublevada que tuviesen entre 17 y 35 años tenían que prestar servicio a alguna de estas funciones durante 6 meses como poco. Además, a las niñas a partir de 10 años ya les inculcaban los valores de la mujer, y sus funciones en la vida y durante la guerra.



La diferencia entre unas y otras fue principalmente la organización y la lucha. Las mujeres milicianas republicanas luchaban, y las sublevadas no, pero estas tenían un orden, estaban divididas en secciones y cada una cumplía su función específica, en cambio las republicanas simplemente cogían un arma e iban al frente, y si no se mantenían trabajando en la retaguardia.
Como dijo Jacques Anatole El arte de la guerra consiste en ordenar las fuerzas de tal modo que no puedan huir” así quien sabe, quizá ahí esté la clave. 

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